Posted on Tuesday, 11 October 2011
La palabra que viene está ya en el corazón. Pero precisamente porque viene -es decir: consiste en no estar presente- no puede ser dicha, expresada oralmente. Por eso no tiene sentido y menos por parte de quien ha hecho la experiencia de la vacilación, del fracaso de toda palabra- la insistencia de que esa palabra venga “sin tardanza”. La palabra queda suspendida.