Cae en mi jardín la primera tarde de enero, cuando un colibrí se baña con el agua que arroja el aspersor. Lo suspenden sus incansables aleteos, hasta que descansa en una rama trémula. ¿Será este pájaro una pregunta en movimiento, lo único que no cae con este atardecer? Por lo pronto busco formas de sostenerme en el aire, aunque sólo tenga el ímpetu de mi lenguaje, la melodía de una canción o la potencia de tu sonrisa. Pasan los segundos y el colibrí sigue ahí, detenido, mientras le pido al devenir que me traiga muchas más tardes así.
Posted on Sunday, 1 January 2012
