Posted on Tuesday, 30 November 2010
Canto #1
- a: A mitad de un sándwich de milanesa, en una sala oscura me hallaba porque el interruptor se había maltrecho. ¡Fijate si resulta difícil precisar aquella oscuridad, omnipresente y densa, que me corre escalofrío por las patas! Sucede que el sándwich era tan desabrido que pedía a gritos mayonesa, tarea que se dificulta con una luz deficiente como la que nimba las ideas de ciertos politólogos. Mas cuando puse un pie en la alfombra, allí donde se ocultan la mugre y los pesares, entendí que el bobo me había jugado una mala pasada. Miré hacia la ventana. El cartel de neón del hotel fronterizo iluminaba sutilmente mi derrotero. Entonces huyó el miedo, ese que había entrado sin pedir permiso, como lo hacen cuervos que persiguen su alimento. Así repuesto del mal trago, improvisé un paso. Tanteaba formas en el paisaje ensombrecido, hasta que mis manos pudieron percibir algo más pesado que el culo de un comisario, más violento que una jauría de abogados y más molesto que la mirada ajena. Observé con terror las formas de aquel bulto, que me separaba de la heladera y de mi ulterior objetivo: la mayonesa. Sin embargo, su presencia me acorraló tanto, que resbalé y caí, atemorizado, sobre el sofá. Así las cosas, la heladera se alejaba y con ella mis esperanzas. ¿Qué o quién contra mí venía? ¿Qué o quién con la tosudez del que calcula tan certera puñalada? Cuando eso me preguntaba, la vi. A ella que, en su silencio, creí muda. "¿Qué te pasa, canejo?", le grité. "¿Qué es lo que querés acá? ¡Juira!", manifesté entre llantos. Y fue allí cuando su voz reveló el misterio: "Hombre no soy, mas mujer fui y a mis padres cuna dio La Matanza, puesto que Perón escindió en dos la patria. Nací sub Cleto, aunque hastiada, y viví en ninguna parte bajo el mal De La Rua: tiempo de dioses medicados. Me llaman Doña Poesía, y vengo a señalar tu camino: ¿porqué no te dejás de perder el tiempo en boludeces y te ponés a pensar, que es el principio y razón de todo paciente psiquiátrico?". Por entonces, una gota pareció suicidarse desde el peñasco de mi frente. Hablé con pavor: "¿Entonces vendrías a ser como un Virgilio travestido? Seas glorificada, oh gorda Poesía, porque por vos he empeñado mi carrera y regalado los pocos proyectos que me aseguraban sustento en el terreno baldío del capitalismo". A lo que contestó: "Hiciste bien, decimocuarto vástago de la falacia argentina, pero ahora hay que profundizar el modelo. Vos seguime, que no te voy a defraudar". Así lo hice, y aún hoy apremio las huellas de Doña Poesía, en busca del tiempo perdido. Por ella se difuminaron mis pesadillas, aunque sigo en la oscuridad total. Por ella entregué mis esperanzas, aunque sigo cagado de hambre. Por ella relegué la urgencia de mi carne, aunque la holgada señora me expropió el sándwich de milanesa.
- b: Hasta aquí, un primer fragmento de mi novela. Gracias por su tiempo.
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